« El cómo y el porqué de nuestra vocación »

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« El cómo y el porqué de nuestra vocación »

Montfort Noticias
Publicado de P. Louis-Guelord Aseme Muke, SMM en África francófona · 13 Mayo 2021
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KISANGANI, RDC - El miércoles 7 de abril de 2021, su Excelencia Mons. Marcel Uembi Tapa, Arzobis- po Metropolitano de Kisangani/RD Congo, ha presidido, en la parroquia Saint Paul Apôtre (Kisangani), la Santa Misa. Durante esta celebración eucarística, hubo la ordenación diaconal de tres hermanos: Robert Natutwande, Elisée Kambale et Ignace Messinou; todos Misioneros Montfortianos de la Compañía de María, miembros de la Delegación General de África Francófona/DGAF. Precisemos que los dos primeros son congoleños, mientras que el tercero es togolés (por primera vez un diácono togolés en la DGAF).
 
En su homilía, el Arzobispo ha machacado sobre la vocación de los diáconos en la Iglesia precisando la necesidad de estar al servicio del obispo, del sacerdote y de los enfermos. Fuera de eso, les ha exhorta- do de no solo predicar por la palabra, sino también por lo vivido, es decir, por el testimonio de vida. El trabajo del diácono no es su trabajo; es el trabajo de Dios, y los diáconos son solo los servidores.
 
Dado la gran pertinencia de este acontecimiento, prolongo, más o menos, esta invitación de nuestro Ar- zobispo sobre el testimonio de vida con un énfasis especial en “el cómo y el porqué de nuestra voca- ción”. Es bueno admitir que todos nuestros comportamientos o actos pueden explicarse a partir de este doble crisol interrogativo: el porqué y el cómo de nuestra vocación. Como cristianos, religiosos y religio- sas, diáconos o sacerdotes, toda nuestra vida se supone que es la “fidelidad o mejor la búsqueda perpe- tua para responder excelentemente a este interrogativo”. En efecto, toda la formación inicial, los conse- jos evangélicos, las ordenaciones es también la formación permanente; todo eso forma parte del “cómo” de nuestra vocación. Mientras que el “porqué” se sitúa en la relación íntima y perpetua con Aquel que nos llama, el Señor, nuestro Dios. Es el Autor y el Propietario de nuestra vocación, a quien tenemos que rendir cuenta diariamente.
 
Como lo subrayó el Arzobispo en su homilía, el trabajo del diácono no es su trabajo, sino el de Dios. Así pues tiene interés a revisitar por una parte, su formación tan inicial como permanente; y por otra parte, obrar para permanecer fiel al Señor que llama cada día. En efecto el cómo y el porqué de nuestra voca- ción deben considerarse juntos, jamás el uno sin el otro. Razón por la cual la meditación en este doble crisol interrogativo quiere ser una consideración según la cual, predicar, orar está bien, pero eso tiene que ser completado con lo vivido, el testimonio de vida. Recordemos que no hay pequeñas o grandes nominaciones, no hay pequeñas o grandes parroquias. Sin embargo, solo hay hombres a evangelizar. Perder el sabor del cómo y del porqué de su vocación sería sinónimo de entrar en la sequía, lugar del diablo.
 
Para clausurar sin concluirlo, doy gracias a Dios por el don de nuestros tres diáconos. Por la oración de san Luis María de Montfort y la intercesión de la Virgen María, que el buen Dios permanezca su Zócalo para que prediquen y testimonien de su presencia en el corazón de la Iglesia y del mundo.
 
 
P. Louis-Guelord Aseme Muke, SMM










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