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I Encuentro de la red de equipos itinerantes de la REPAM

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Publicado de en Ecuador · 4 Marzo 2020
Tags: NUECU626
[FR]
28-31 de agosto de 2019
ITINERANCIAS EN LAS FRONTERAS
 
Los diversos equipos que itineramos en las fronteras de la Amazonia1[1]; convocados por la REPAM y la CLAR en el I encuentro de la red de equipos itinerantes realizado en Manaos, estuvimos reflexionando sobre nuestra forma de ser y estar en estos espacios geográficos. La primera constatación ha sido: que las misioneras y misioneros que estamos en las fronteras somos y vivimos en equipos itinerantes.
 
                                             
La manera de vivir la misión en la frontera, es la itinerancia.
 
Al principio era el territorio, y progresivamente con la creación de Estados Nación lo fueron dividiendo, colocando muros en donde hay ríos y fragmentando identidades de pueblos originarios que no ven en los ríos límites geográficos ni divisiones, sino aguas que los unen, que los conectan.
 
Teniendo esta certeza, los diversos equipos intentamos tejer redes entre fronteras, y ese tejer implica itinerancia, itinerancia que adquiere diversas formas: características, modelos, configuración, metodologías; dependiendo de las fronteras en que actúa y en función de la misión confiada o por los motivos que llevaron a constituirlas. Sin embargo, coincidimos en una serie de características de como ser y estar en los diversos equipos fronterizos:
- Vivir con poco.
- Salir, itinerar por los ríos en las comunidades ribereñas e indígenas.
- Estar donde nadie quiere estar.
- Ser, estar y vivir, aprendiendo con la Amazonia y sus pueblos.
- La misión consiste en articular las Iglesias particulares y vecinas.
- La itinerancia es un proceso siempre abierto a las necesidades de los tiempos.
- La constitución de los equipos debe ser plural: hombres y mujeres, laicas, laicos, religiosos, religiosas; configurándose algunos como inter-congregacionales o interinstitucionales.
 
Entre los desafíos que tenemos, se destacan:
1) Hacer entender el proyecto de itinerancia en las Iglesias particulares y locales, difundiéndolo en las asambleas y jurisdicciones, porque así resonará en el corazón.
2) Encontrar caminos de auto-sustentabilidad.

Y si bien, el trabajo que llevan los sacerdotes de Iglesias locales en muchas de las fronteras está dedicada a los aspectos doctrinales de la misión; nuestro trabajo debe ser complementario, partiendo de los gritos de los pueblos, agudizando el oído para aliarnos con ellos en la defensa de sus derechos de territorio, cultura y vida:
- Asegurar los derechos humanos.
- Preparación de documentos.
- Defensa del territorio de las comunidades campesinas y ribereñas.
- Puente humanitario en situación de emergencia y calamidad natural.
- Acompañar las comunidades y personas en los momentos difíciles haciendo resonar su voz en espacios institucionales y gubernamentales.
 
Toda esta acción y misión enmarcada en los verbos: conocer la realidad; escuchar los pueblos y comunidades; caminar con ellos y junto a ellos; sumar en sus luchas y desafíos en defensa de la Casa Común; dialogar con los líderes y lideresas; convivir con ellos; tejer redes; cuidar de los lazos creados y las expectativas abiertas; acoger en nuestras vidas e interioridad la vida vivida.
 
La manera de vivir la misión en las fronteras es la  itinerancia  que  nos  conecta  en  un mismo Espíritu, articulándonos y sintonizándonos sin perder la libertad de diversidad y pluralidad,  de  formas y métodos, para interconectar pueblos, culturas y realidades.
 
No hay un único modelo de itinerancia, pero siempre será necesario hacer un buen discernimiento teniendo en cuenta: las personas, el lugar, el momento histórico, las cualidades o dones de los que integrarán el equipo y los desafíos que la realidad  nos presenta.
 
La riqueza de formas de itinerancia hay que mantenerla siempre y a todo costo, porque la realidad amazónica es plural, y existen muchos ecosistemas eclesiales en el mismo territorio amazónico. Por eso, homogenizar es desconsiderar la realidad amazónica y el mosaico de pueblos y culturas.
 
Realizar la misión en las fronteras de la Amazonia, significa pues, deconstruir procesos, abriéndose a estas nuevas maneras de vivir la misión, marcadas por el territorio y la necesidad de los pueblos. Si las primeras misiones, realizaban las visitas a la comunidad bajo el parámetro de adoctrinamiento, hoy estas visitas comienzan a ser el medio de iniciar nuevas pedagogías: Un proceso de escucha, que ayude a conocer, aproximarse y detectar las necesidades de la comunidad; creando confianza para junto a líderes, lideresas y organizaciones, trabajar codo a codo por un buen vivir - buen convivir, siendo conectores entre territorios e instituciones, en la medida que van siendo solicitados y acogidos.
 
Es preciso tomar consciencia de que hay un nuevo paradigma en la Iglesia, marcado por los documentos de Evangelium Gaudium y Laudato si: Cuidar de la Casa Común. Y en la Amazonia, encontramos signos y vivencias que ya son expresión de este nuevo modelo de Iglesia sinodal, aliada en la defensa del territorio y basada en la igualdad bautismal de todos los cristianos y cristianas, sin distinción de sexo, etnia, estado o condición social.
 
Nueva configuración de la vida religiosa:
 
La experiencia que estamos tocando está intuyendo una nueva manera de configurar la vida religiosa, para pasar de una vida comunitaria conventual y estática, a una vida comunitaria reconstruida en la itinerancia y la interculturalidad. A partir de esta experiencia en las fronteras: itinerando, una nueva configuración está siendo gestada a camino y en el camino, como el propio Jesús vivió con sus discípulos, asumiendo los límites de sus amigos, en las circunstancias inesperadas de la vida, y en los límites de las fronteras.
 
Con el pasar de los años nos hemos quedado en un paradigma, una forma de vivir la vida consagrada, intentando o formando para que todos se adecuen a una misma estructura, forma de hacer y vivir, llevándonos a pensar que fuera de ese modelo de vida religiosa sacramental y de un estilo de vida monacal, nada puede acontecer.
 
Pero los equipos itinerantes de las fronteras, devuelven la vida religiosa a su esencia, centrada en la vida propia y de los pueblos, y no solo en sacramentos, creando así una experiencia preñada de ésta siempre viva y antigua novedad del Evangelio: “Yo vine para que tengan Vida y Vida en abundancia” (Jn. 10,10).
 
La novedad que traen estos equipos para la vida religiosa es un modelo de Iglesia diferenciado en donde: las relaciones son más igualitarias, al ser grupos mixtos de hombres y mujeres, con formas de vida diferentes, religiosos, religiosas, laicos y laicas, solteros o casados. Una igualdad basada en la vocación bautismal y en la misión universal que Jesús confió a todos sus seguidores, “ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn 13, 34). Estamos construyendo desde las fronteras de la Amazonia una nueva eclesiología, en la cual, la diversidad es el principio teológico por excelencia. Y ser fieles a esa novedad depende de nosotros.
 
Mirada cósmica (todo esta conectado sin perder lo diverso)
 
Estar en la Panamazonia, es hablar de la dimensión amazónica e interplanetaria. La itinerancia, trae a la  superficie  la amazonia  profunda,  aquella  a la  cual  tenemos acceso por los igarapés, y caminos de tierra, en medio de la selva. Aquella cuyo acceso es más difícil o distante y, por tanto, poco se conoce. La  itinerancia  la  hace  próxima.  Lugares donde con frecuencia nadie llega, ni quieren llegar, son contactados y visitados. La itinerancia se convierte en las venas más profundas de nuestra  presencia  amazónica, siendo su flujo sanguíneo, inyectando vida, conectando, haciendo que las partes más desconocidas del territorio, hagan parte del Cuerpo amazónico. Amazonia profunda y Amazonia próxima, con sus ecosistemas, son acercados por los itinerantes. Y a su vez, los itinerantes  unen  los  ecosistemas  eclesiales.
 
Todo esto, celebrado y vivido, en formas diferentes, que  incluye  ritos, costumbres y tradiciones de los diversos pueblos Amazónicos. Una nueva liturgia, en la que es posible celebrar, más allá de ritos predeterminados sin necesidad de hacer o repetir oraciones especiales o formateadas. Estas son experiencias que ayudan a recuperar lo genuino del Evangelio, salir, ir y venir, celebrar la vida, relacionarnos, hacer comunidad: Lo esencial que hemos perdido al institucionalizarnos y singularizarnos bajo un mismo formato.  
 
Itinerancia pasando a la otra orilla, rompiendo fronteras y relacionándonos con el entorno y los que encontramos en el camino, está relacionada con la presencia del Espíritu, que llega y “no se sabe de dónde viene ni para donde va “(Jn 3,8), dejándose llevar siempre por la vida que aparece. Categorizamos Ser y hacer comunidad en el camino, “Dios es una forma sin forma que se conforma en todas las formas” (Von Balthassar). La espiritualidad vivida junto a los pueblos en la diversidad cultural, religiosa y ritual, es sentir a Dios en las circunstancias, leer su presencia en la itinerancia, en las fronteras, presente mucho antes de que nosotros llegásemos. De ahí, nuestro papel de ser artesanos tejedores, conectar procesos, hacer puentes por encima de los muros, las fronteras y los limites preestablecidos de la historia, es el espíritu misionero que nos hace mirar más allá de las fronteras históricas, geográficas o simbólicas, “naciendo de nuevo” (Cfr. Jn 3, 3-6) cuantas veces sea necesario. Esa es la practica itinerante de los equipos de frontera.
 
Quedan hilos sueltos que tendremos que tejer
 
Si bien, vamos teniendo claridad y sintonía en nuestra misión y servicio itinerante, se abre una brecha en la itinerancia, un agujero en la red: ¿Como conectar la gratuidad de nuestra presencia en las visitas con el acompañamiento de procesos en las itinerancias, y el grito profético de los desafíos que encontramos? Vivir la profecía en las heridas abiertas, por los clamores más latentes y urgentes de la Madre Tierra, los gritos que nos desafían en las itinerancias. Con frecuencia, creamos una expectativa en las comunidades, pero después no damos acompañamiento, por falta de recursos, o de una red eficiente de comunicación que nos permita la interlocución y divulgación de las heridas más abiertas de la vida en el territorio amazónico. Defender la Casa Común: ¿pero con quién? ¿Como aliarnos en esa lucha de manera eficaz, para que revierta en vida para las comunidades afectadas?
 
La itinerancia interior rompe las fronteras del corazón
 
La dinámica mayor, acontece en nuestros corazones, en nuestra interioridad: es la itinerancia interior. El límite exterior, vivir en las fronteras geográficas hace que topemos con las propias fronteras interiores, y las de los que están más cerca de nosotros, así como los límites de nuestras itinerancias, siempre inacabadas, a camino y en proceso, como expresamos anteriormente.
 
Por eso, somos invitados no simplemente a soltar las estructuras firmes, rígidas y estables de  nuestras  instituciones,  sino,  sobre  todo,  las  estructuras  internas:  lo  diferente,  lo inesperado, lo inacabado e imperfecto de nuestras vidas, del Reino que ya está entre nosotros, pero todavía no de manera plena.
 
A modo de conclusión
 
Todo esto que hemos escrito, ha surgido aquí, entre nosotros, y mucho antes de que se hablase de un Sínodo para la  Amazonía.  El  Espíritu  ya  aleteaba  sobre  la  Casa  Común, para recrear la Creación y las relaciones de los seres humanos con la naturaleza y entre si, en una sintonía, que nos permite reconocer inspiraciones comunes a todos y en todo. “Y vio Dios que todo era bueno” (Gn 1, 31). Percibir lo bueno del momento que vivimos, para dejar que Dios continúe moldeándonos, recreándonos. “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza” ( Gn 1,26).
 
“No se ama lo que no se conoce”. Y no se defiende lo que no se ama. Amar la realidad, “ver que todo es bueno”, como en los relatos bíblicos de la creación nos inspiran, para que defendamos la tierra de los peligros y amenazas. “Crecer y multiplicarnos” en la “variedad de semillas y especies”, preservando la biodiversidad. “Separar las aguas de la tierra”, lo infirme de lo esencial, como hemos ido apuntando; la “luz de las tinieblas”, los signos de vida, de los gritos de la tierra amenazada y enferma por las heridas abiertas de la migración, la devastación, y el dominio como forma de relación y posesión de la tierra. Purificarnos de toda esta visión, para pedir permiso a la tierra y a nuestros ancestrales, de aprender con ellos a vivir en el nuevo paradigma del “buen vivir- buen convivir”.
 
Entrar en el sueño de Adán, para que de nuestro lado y a nuestro lado, nazca de lo profundo de la tierra, relaciones de iguales: “esta si es hueso de mis huesos, y carne de mi carne” (Gn 2, 23).  
 


 
[1] 1 Bolpebra (Bolivia, Brasil, Perú); Putumayo (Colombia, Perú, Ecuador); Guyana (Guyana, Brasil, Venezuela); Santa Elena de Uairen (Venezuela,Brasil) junto con los equipos de Yabarí (Perú), Manaus y Cobija (Bolivia).






 
 



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