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Ordenación sacerdotal de Aimé Kamanda en la Delegación de Bélgica

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Publicado de P. Nepolean James Raj, SMM en Bélgica · 2 Noviembre 2020
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LOVAINA, Bélgica - “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mt 24, 35). Lo que Jesús había dicho, hace dos mil años, sigue siendo pertinente en Europa que es actualmente testigo de una época de re-evangelización y de nueva evangelización. Decía a sus discípulos: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.” (Lc 10, 2). Bélgica, antiguamente, enviaba misioneros a los extremos del mundo, es ella misma campo de misión. Actualmente necesita misioneros para evangelizar y renovar la fe. Como respuesta apropiada a las necesidades actuales de la Iglesia, la Delegación belga ha tomado unas iniciativas para invitar a unos misioneros del Congo. Esta Delegación que no ha tenido vocaciones ni ordenaciones durante decenas es feliz de organizar la ordenación sacerdotal de misioneros en el campo mismo de la misión.
 
Después de la ordenación del año pasado, Aimé Kamanda ha sido ordenado sacerdote este año el 20 de septiembre de 2020 en la iglesia Saint Pierre de Lovaina, en la diócesis de Malines-Bruxelles. A pesar del ambiente desagradable y el miedo engendrado por la Covid-19, confiando en la providencia de Dios, contando con los cuidados maternos de la Virgen María y  guiados por el celo apostólico de san Luis María de Montfort, nosotros, los Montfortianos belgas, hemos celebrado con inmensa alegría este momento histórico con cuidado y prudencia. Aunque la pandemia de la Covid-19 ha impedido la participación de numerosos invitados, la distanciación social respectada ha hecho que la iglesia estuviera llena, para compartir este momento excepcional. No había coro, pero la celebración era melodiosa. No había danza tradicional congoleña, pero la iglesia estaba colorida y alegre. Tampoco había muchos sacerdotes, pero la presencia de Dios se hacía sentir en su plenitud. No cabe duda que este día haya tomado definitivamente un lugar particular en la historia de los Montfortianos y permanecerá en los corazones y en las memorias durante mucho tiempo por su belleza y su particularidad.
 
San Montfort ha orado: “¿Qué te estoy pidiendo? Liberos:  sacerdotes  libres con tu libertad, desapegados de todo: sin padre, sin madre, sin hermanos, sin hermanas, sin parientes según la carne, sin amigos … sin bienes” (SMM 7). En este día importante, Aimé estuvo de pie solo, sin su familia y sus amigos. Incluso la familia montfortiana internacional no estaba presente para bendecirle y orar por él. Sin embargo, con una sonrisa celestial y la paz en el corazón, se ha ofrecido completamente en las manos de Dios para ser utilizado según su voluntad. Las dificultades impuestas por la pandemia no son nada ante el poder de Dios. El obispo, Koen Vanhoutte, nos ha traído su apoyo sin reserva; unos amigos y gente de buena voluntad ha estado a nuestro lado para mostrar su amor por Aimé y los Montfortianos en esta día especial. Esta solidaridad hizo la ordenación sacerdotal solemne y grandiosa.
 
Una celebración es incompleta si no hay recepción no comida de fiesta. Teniendo en cuenta la situación particular, no hemos podido organizar ni recepción ni comida de fiesta para los invitados. Sin embargo, siguiendo estrictamente las directivas del gobierno, una tarde festiva se hizo en la comunidad de Lovaina. Fue sencillo, el comedor estaba lleno de rizas y la mesa estaba guarnecida de una variedad de quesos, de frutas y de pan. Hemos felicitado nuestro nuevo sacerdote y nuestro nuevo misionero. Aimé ha dado gracias al Superior de la Delegación y a los cohermanos por el acompañamiento y el apoyo. También ha expresado su gratitud por la difusión en directo de la ordenación sacerdotal diciendo: “Creo que mis padres, mi familia y la gente cercana lo han mirado en directo.”
 
El Papa Francisco ha escrito en Evangelii Gaudium: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación.” (27) También ha subrayado que “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera.” (266) Aseguramos a Aimé nuestras oraciones y le deseamos también que sea una fuente de alegría evangélica y que sea lleno del impulso misionero para que su vida misionera pueda refrescar y renovar a los demás en la fe, la caridad y el amor cristiano.
 
 
P. Nepolean James Raj, SMM










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