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Montfort EurHope: « Fuego bajo la ceniza »

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Publicado de en Francia · 12 Diciembre 2019
Tags: NUFRA598
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SAINT LAURENT-SUR-SEVRE, Francia – Hace seis meses que el P. Jean didereau DUGER (42 años ha llegado a Saint Laurent-sur-Sèvre, desde Haití para su nueva misión. Se presenta describiendo este tiempo de integración en Francia.
 
BREVE PRESENTACIÓN
He nacido el 11 de diciembre de 1977 en Léogâne, Haití, de Dureste DUGER y de Chérina Casimir DUGER. Soy de una familia de seis hijos, cinco chicos y una chica (la última), soy el cuarto. He hecho todas las etapas de mi formación en Haití, en Léogâne y en Puerto Príncipe. He entrado en casa de los Misioneros Montfortianos en agosto 2007. Pronunciaba mis primeros votos en septiembre 2009, luego el diaconado en octubre 2016 y ordenado sacerdote en enero 2017, en Haití. He realizado mi ministerio diaconal y presbiteral en la parroquia “Saint Louis Roi de France” de Turgeau, en Puerto Príncipe, con el padre Wismick JEAN-CHARLES que me había acompañado y me había ayudado a introducirme en los ministerios ordenados. Su acompañamiento ha marcado mi primer año de vida sacerdotal. En la parroquia, era responsable de unos grupos y coros, unos 32. Trabajaba en lo social con otras dos asociaciones de la parroquia. Entre otro, era responsable de la pastoral de los enfermos. Además de las actividades de la parroquia, tenía dos capellanías en las Hijas de la sabiduría y en el colegio del “Sacré-Cœur”. Además estudiaba en Ciencias de la educación desde septiembre 2017
 
OBEDIENCIA PARA FRANCIA
Después de casi dos años de ministerio presbiteral en mi país, el padre provincial de los Montfortianos de Haití me ha pedido venir a Francia para echar una mano. No había pensado en tal obediencia en ese momento porque acababa de comenzar mis estudios. Pensaba que me darían tiempo para terminarlos. Me dieron una semana para dar mi respuesta a la petición del responsable. Me preguntaba: ¿por qué no me dejan terminar estos estudios? Imaginaba que en Francia podría terminarlos, pero es un interrogante. Es un poco difícil el desapego, pero finalmente he aceptado por el voto de obediencia y porque el Señor me llama donde quiere, donde me necesitan y donde puedo ser útil. Además, sé que formo parte de una congregación internacional y que soy el instrumento del Señor. Me decía, el Señor no me enviará, me llevará con Él. Entonces, confío en Él. Para mí, es la voluntad del Dios y me decía, no sé por qué, Dios solo lo sabe. Solo confío en Él y cuento con Él. En definitiva, he hecho mis maletas y he llegado a Francia en mayo 2019.
 
MI COMUNIDAD EN FRANCIA
Al llegar a Francia, estoy acogido por los padres Olivier (provincial), Pierre, Paulin, en una palabra, toda la comunidad internacional de Saint Laurent sur Sèvre. El día de mi llegada a Saint Laurent, el padre Pierre BONHOMMEAU al verme por primera vez, como sonrio mucho, decía: “Qué hermosa sonrisa”. Al día siguiente, el P. Paulin me acompañó para validar mi visa, ha organizado todo y me ha llevado a una tienda para comprar una memoria SIM para mi móvil. Luego me mostró los diferentes lugares de la casa, de la basílica y algunas iglesias de la parroquia, lo que me animó. También tengo a dos cohermanos Charelus y Jackson que han llamado cada día para tener noticias mías, eso también me ha animado mucho. Moralmente sus llamadas me ayudan mucho. Hasta ahora siguen haciéndolo y eso tiene mucha importancia para mí. En resumen, he sido bien acogido y me hace sentir mejor porque todo eso queda marcado en mi memoria.
 
Las dificultades que he encontrado, primero sabía que estaba destinado para la comunidad del Marillais y sin embargo sin saberlo, tendré que quedarme en Saint Laurent. En efecto, es algo que podría tener un impacto en mí, pero me decía, que se haga la voluntad del Señor. Todo se ha arreglado y estoy nombrado capellán de la Basílica y cooperador en la parroquia Montfort-sur-Sèvre. Formo parte de la comunidad internacional y resido en la comunidad de los Misioneros Montfortianos en la Casa del ‘Saint Esprit’, Saint Laurent sur Sèvre. Busco insertarme e integrarme más en esta comunidad.
 
Tengo que decir que me siento bien hasta ahora en esta nueva comunidad y también en la parroquia. Veo que los fieles son amables como soy también amable con ellos. Me siento bien acogido en la parroquia por el párroco y también en la basílica. Por parte de algunos fieles, recibo palabras de valoración y de ánimo. Hay gente que me han dado las gracias por mis homilías. Pues, poco a poco, intento comprender la realidad, porque es otra cultura, otro pueblo y otra mentalidad. En este sentido, estoy aun en fase de observación para una buena integración. Una integración se hace poco a poco en la observación y en la comprensión de la realidad. Aquí formo parte de unos consejos tanto a nivel de la parroquia como de la basílica. Lo que me ha permitido comprender un poco la realidad de la Iglesia de Francia.
 
MIS PRIMEROS MESES EN FRANCIA
Mis primeros meses en Francia no son difíciles para mí. He llegado aquí con un espíritu positivo y la lengua no es una barrera porque conozco un poco el francés. La comida me cuesta un poco por los efectos digestivos desagradables y hasta ahora continúa. Sé que eso es normal porque el cuerpo no está aun acostumbrado con los alimentos. Otra cosa que no está aun bien, mi reloj biológico no está aun adaptado al cambio horario. Hay que decir que al principio me aburría un poco porque no tenía muchas cosas que hacer. Una semana presidía la misa en la cripta, y luego dos o tres semanas excepto que los domingos concelebraba. Mientras que en Haití, tenía dos o tres misas al día y otras actividades. Entonces me digo, Didereau, estás en otro país, en otra parroquia, tienes que adaptarte. Ahora la cosa va bien, porque soy yo que tengo que acomodarme con la realidad, porque la realidad no es la misma en todos los sitios. Me supero y veo que es bueno para mí porque encuentro más tiempo para orar, descansar, leer y preparar mis homilías.
 
Antes de venir a Francia, me habían dicho que la Iglesia de Francia está disminuyendo y en el terreno, le compruebo, no hay muchos sacerdotes, la mayoría de las iglesias está casi vacía, no hay casi jóvenes en la iglesia, en resumen la Iglesia de Francia es pobre. Una parroquia puede reunir varias antiguas parroquias y cada vez disminuye. Sin querer pasar por un profeta, tengo una fuerte esperanza que la Iglesia de Francia volverá a encontrar su primitivo esplendor porque todavía hay fuego bajo la ceniza, es decir que aun hay fe. No sé como volverá, quizás por un acontecimiento, pero Dios solo lo sabe. Creo que Dios está en el corazón del mundo y camina con su pueblo.
 
En definitiva, hay que decir que estoy aun en fase de observación y que para mí es un tiempo de aprendizaje. En realidad, mis primeros meses en Francia son una toma de contacto con la realidad porque me queda muchas cosas por aprender y comprender. Es globalmente mi punto de vista sobre mi obediencia en Francia. Hasta ahora no puedo decir más, como ya lo he dicho es un tiempo de observación, de adaptación y de integración en el ámbito de mi misión.
 
 
P. Jean Didereau Duger, SMM










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